Galitaari reabre un viejo conflicto y apunta a Roro y Pablo
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La última sacudida del universo TikTok tiene nombre propio: Galitaari. La creadora de contenido ha publicado un vídeo en el que asegura arrastrar desde 2018 una historia que, según su relato, lleva años acumulando episodios incómodos, bloqueos, mensajes desagradables y una cadena de coincidencias que ahora ha vuelto a encender a los usuarios de redes. Eso sí: conviene separar bien lo que ella afirma de lo que otros han interpretado después, porque el vídeo, por sí solo, no nombra de forma directa a las personas a las que apunta la conversación viral.
En su versión, todo arranca en 2018, cuando comenzó a publicar contenido de maquillaje, recetas y storytimes con una estética muy concreta: voz suave y natural, gafas de cámara y el pelo castaño oscuro con mechones. A partir de ahí, cuenta que conoció por Tinder a un chico al que llama “P”. Según explica, entre ambos no hubo relación de pareja ni amistad; solo habrían intercambiado mensajes durante un par de días antes de seguirse en redes. Ese es el punto de partida que ella sitúa en el vídeo, y desde ahí va encadenando una serie de episodios que, siempre según su relato, la dejaron con la sensación de estar siendo observada o copiada.
Galitaari sostiene que, con el tiempo, empezó a notar que una chica aparecía entre las primeras personas en ver sus historias de Instagram sin que ella supiera quién era. Dice que más tarde descubrió por casualidad, al ver historias de “P”, que esa chica era su pareja, a la que identifica como “R”. A partir de ahí, afirma que comenzó a recibir mensajes desde un perfil que hoy ya está eliminado. Primero, según cuenta, le preguntaban por “P”; después, el tono habría pasado a ser ofensivo. Es importante subrayarlo: esa parte del relato procede de la propia creadora y no se aportan en el texto pruebas independientes de quién manejaba aquel perfil.
La historia se vuelve todavía más delicada cuando habla de supuestas capturas de comentarios despectivos en vídeos antiguos suyos. Galitaari dice que los encontró y que los atribuye al perfil de “R”, aunque reconoce expresamente que no puede demostrar quién los escribió. Esa matización no es menor, porque el propio relato deja claro que se trata de una sospecha o una interpretación personal, no de una verificación cerrada. En paralelo, afirma que también detectó similitudes entre su contenido anterior y el vídeo que, tiempo después, se hizo viral bajo el personaje conocido popularmente como “tradwife”. Pero, de nuevo, añade una cautela: no puede confirmar ni el origen ni la intención de esas similitudes. O dicho de otra forma, ve parecidos, pero no asegura una copia ni una estrategia concreta.
Otro de los puntos que más ha dado que hablar es su cuenta de TikTok, que, según explica, fue eliminada a mediados de junio de 2024 tras una denuncia de suplantación de identidad. El origen de esa denuncia nunca le habría sido revelado. La creadora asegura que con esa eliminación perdió años de contenido, un detalle que ayuda a entender el tono de frustración con el que construye su vídeo. Para cualquier creador digital, desaparecer de una plataforma no es solo perder seguidores: también implica perder archivo, continuidad y parte de la identidad pública que se ha ido construyendo durante años.
Meses después, y ya coincidiendo con la explosión de popularidad del personaje viral, Galitaari dice haber descubierto que el perfil de “R” la tenía bloqueada incluso en cuentas nuevas de Instagram y TikTok que, en teoría, esa persona no debería conocer. Ese punto ha sido uno de los más comentados por los usuarios, precisamente porque alimenta la idea de una vigilancia continuada o de una tensión prolongada en el tiempo. Aun así, el dato vuelve a proceder de su versión y no se acompaña de comprobación externa en el material aportado.
La creadora también explica que, por todo ello, cambió por completo su forma de grabar. Según relata, pasó a usar delantal y gorra roja, además de una voz más grave, con la intención de dejar de parecerse al personaje famoso. Ese cambio de imagen es otro de los elementos que ha disparado la conversación en redes, porque conecta su historia con la estética de un contenido que el público ya tenía muy ubicado. Ahora bien, ella no afirma que hubiera una apropiación directa; lo que dice es que quiso alejarse de una apariencia que, a su juicio, podía generar confusión o demasiadas comparaciones.
¿Y por qué sale todo esto justo ahora? Según la propia Galitaari, ha decidido hablar tras la polémica reciente sobre la Velada del Año y las acusaciones sobre acreditación de diseños, en concreto por un bus y unos disfraces. Además, menciona que vio comentarios groseros de esta persona hacia terceros, y eso habría sido el detonante final para romper su silencio. También aquí hay que ceñirse al texto: la creadora enlaza su vídeo con esas polémicas, pero no aporta pruebas adicionales dentro del material facilitado sobre esos episodios concretos.
La clave del fenómeno está en que el vídeo se viralizó muy deprisa y, a partir de ahí, fueron los usuarios de redes quienes empezaron a identificar a “P” y “R” como una pareja conocida por su contenido de recetas y por su paso por La Velada del Año. Esa identificación no sale de la boca de Galitaari en el vídeo, y el texto lo deja claro. Es la audiencia la que hace el puente, el que convierte una historia contada con iniciales en una lectura mucho más concreta y explosiva. En internet, ya se sabe, una letra puede acabar funcionando como una lupa.
También es relevante otro matiz: ninguna de las dos partes señaladas se ha pronunciado hasta el momento sobre estas acusaciones, siempre según el texto facilitado. Ese silencio, en un caso así, suele convertirse en gasolina para la conversación pública, porque deja espacio a interpretaciones, teorías y lecturas cruzadas. Y cuando la historia mezcla bloqueos, mensajes eliminados, similitudes de estilo, una denuncia de suplantación y una polémica reciente de gran alcance, el resultado es prácticamente inevitable: tendencia asegurada.
Por ahora, lo único firme es que Galitaari ha puesto sobre la mesa un relato largo, cargado de matices y con varias advertencias sobre lo que no puede demostrar. A partir de ahí, el resto lo han hecho los usuarios: hilar nombres, recordar contextos y elevar una vieja historia a la categoría de nuevo tema del día. En el ecosistema de redes, donde todo se amplifica en cuestión de minutos, basta con que alguien abra la puerta para que el resto del internet se asome a mirar.

